miércoles 7 de octubre de 2026

Brasil hacia el balotaje: ¿es posible una remontada de Lula?

Brasilia (Prensa Latina) La ventaja de Flávio Bolsonaro sobre Luiz Inácio Lula da Silva abrió un escenario inesperado para el balotaje presidencial brasileño y deja la interrogante de si el mandatario tiene espacio para lograr una remontada en esta nueva etapa.

Por Martha Andrés Román

Corresponsal jefa en Brasil

En la primera vuelta de las elecciones generales del 4 de octubre, el senador del Partido Liberal (PL) obtuvo 47,03 por ciento de los votos válidos, frente al 45,16 por ciento alcanzado por Lula, del Partido de los Trabajadores (PT), según los resultados del Tribunal Superior Electoral (TSE), lo que equivale a una diferencia de 2,2 millones de sufragios.

Tal resultado sorprendió porque las principales encuestas difundidas antes de esa cita en las urnas mostraban a Lula por delante, aunque con diversas posibilidades de empate técnico.

Datafolha, por ejemplo, registraba 45 por ciento para el presidente y 42 para Flávio Bolsonaro entre los votos válidos, mientras proyectaba empate técnico para el segundo turno.

La distancia final, de 1,87 puntos porcentuales, es la menor entre los dos aspirantes más votados en una primera vuelta presidencial a partir de la llamada redemocratización.

EL AVANCE DEL BOLSONARISMO

Uno de los fenómenos más importantes de la primera vuelta fue la capacidad del bolsonarismo para ampliar su votación y concentrar el sufragio de derecha alrededor de Flávio Bolsonaro, particularmente durante los últimos días de campaña.

Felipe Nunes, director de Quaest, sostuvo que la última encuesta de ese instituto había captado un fuerte movimiento de voto útil hacia Flávio Bolsonaro. Según su análisis, las demás candidaturas de derecha pasaron de reunir de 14 a 7,8 por ciento, mientras el candidato del PL avanzó de 40 a 47 por ciento.

El fenómeno fue acompañado por una reorganización política de esa corriente, en la que el partido del senador se convirtió en la mayor fuerza individual tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.

Con ese resultado legislativo, el campo bolsonarista ve modificadas las condiciones de una eventual Presidencia, pues el próximo mandatario deberá relacionarse con un Congreso donde las formaciones de derecha tendrán un peso considerable.

Los análisis posteriores a la votación señalan que el avance no puede atribuirse exclusivamente a la figura de Jair Bolsonaro.

Aunque el expresidente, condenado a 27 años de prisión por su participación en la trama golpista posterior a los comicios de 2022, continúa siendo un referente político para una parte importante de los votantes, el resultado muestra también la consolidación territorial y parlamentaria de las fuerzas conservadoras.

Un análisis publicado por UOL identifica entre los factores del desenlace del 4 de octubre la reducción del espacio de las candidaturas de tercera vía, el antipetismo, la percepción de estancamiento del gobierno y una estrategia del PL dirigida a ampliar su votación incluso en regiones tradicionalmente favorables al PT.

Por ejemplo, el medio encontró que el actual presidente pasó de 71,5 a 68,7 por ciento del respaldo en municipios altamente dependientes del programa Bolsa Familia, mientras Flávio Bolsonaro llegó al 27,3 por ciento.

Ese dato resulta significativo porque sugiere que la política social, aunque continúa asociada a una elevada votación por Lula, no garantiza por sí misma la adhesión electoral, y el programa aparece cada vez más como un derecho incorporado a las expectativas de parte de sus beneficiarios.

EL PROBLEMA DEL SUDESTE Y LA LUCHA POR QUIENES NO VOTARON

Para varios analistas, uno de los principales desafíos consiste en recuperar terreno en el Sudeste, especialmente en São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro.

Renato Rovai, de la revista Fórum, considera que la pérdida en esas áreas debe ocupar un lugar central en la estrategia del segundo turno, al tiempo que también señala el retroceso registrado en ciudades pequeñas, donde la votación por Lula habría disminuido respecto de 2022.

Minas Gerais adquiere especial relevancia por su peso electoral y por su comportamiento históricamente disputado. Una recuperación allí, aunque compleja, podría modificar el equilibrio territorial de la contienda, mientras el PT necesita conservar su amplia ventaja en el Nordeste.

Hay además un factor que ninguna campaña puede ignorar: más de 33,4 millones de electores no acudieron a las urnas el 4 de octubre, equivalentes al 21,08 por ciento del electorado, el mayor nivel de abstención registrado en una elección general desde 1998.

Los electores que se abstuvieron pueden votar el 25 de octubre si mantienen regularizada su situación para los comicios, y el presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, anunció que la Justicia Electoral buscará reducir la abstención en el segundo turno.

Un artículo de Brasil de Fato interpreta la abstención como una reserva potencial de votos y subraya que la diferencia entre los candidatos es inferior al volumen de votos blancos y nulos.

Pero no existen datos que permitan convertir los 33,4 millones de ausentes en un bloque potencialmente favorable a una candidatura.

De cualquier modo, UOL señala que ambas campañas comenzaron a mirar hacia los ausentes: Lula con énfasis en las consecuencias sociales y económicas de una eventual victoria de Flávio Bolsonaro, y este último con un discurso centrado en el cambio y la renovación.

¿QUÉ NECESITA MODIFICAR LULA?

La primera vuelta provocó un debate dentro del campo cercano a Lula sobre la comunicación de campaña. Un artículo de la revista Fórum sostiene que el gobernante debe modificar rápidamente su estrategia, incorporar nuevos comunicadores y aumentar su capacidad para dialogar con públicos jóvenes mediante formatos digitales.

El periodista Breno Altman, en entrevista con Brasil 247, planteó otra dimensión del problema: evitar que la campaña trate a los electores de Flávio Bolsonaro como adversarios políticos homogéneos.

A su juicio, llamar fascista o ignorante a quien no votó por Lula puede dificultar la conquista de sufragios decisivos.

El analista propone diferenciar entre el enfrentamiento político con la dirigencia bolsonarista y el diálogo con el elector común, para lo cual defiende una aproximación basada en escuchar críticas, frustraciones y preocupaciones económicas antes de intentar persuadirlo.

La propuesta coincide con otro diagnóstico de la revista Fórum, el cual considera que la campaña debe discutir cuestiones concretas como salarios, alimentación, salud, seguridad y trabajo.

Según UOL, las campañas están estructurando mensajes diferentes para el segundo turno. El equipo de Lula estudia advertir sobre las consecuencias económicas y sociales de una eventual victoria de Flávio Bolsonaro, además de reforzar propuestas concretas en materia laboral y social.

Flávio Bolsonaro, por su parte, mantiene el discurso de cambio y busca consolidar el antipetismo. Su campaña también pretende atraer a electores de candidaturas de centro y derecha que quedaron fuera de la segunda vuelta, así como reducir la abstención.

La religión constituye otro espacio a tomar en cuenta, pues las últimas encuestas anteriores a la primera vuelta mostraban diferencias relevantes entre ambos candidatos según la afiliación religiosa, con Lula más fuerte entre católicos y Flávio Bolsonaro con mayor respaldo entre evangélicos.

La revista Fórum sostiene que la estrategia electoral no puede limitar la disputa religiosa a las declaraciones de dirigentes, sino que debe comprender las dinámicas de las comunidades donde se forman las preferencias políticas.

¿ES POSIBLE LA REMONTADA?

Los datos permiten identificar un enfrentamiento en el que hay espacio para modificar los resultados anteriores, pero el escenario para un avance sustancial de Lula se muestra difícil.

Flávio Bolsonaro terminó primero, posee una diferencia de 1,87 por ciento y su fuerza política obtuvo un resultado parlamentario considerable.

Al mismo tiempo, el mandatario conserva 53,9 millones de votos, mantiene además una amplia ventaja en el Nordeste y puede disputar a los electores de candidaturas eliminadas y a parte de quienes no acudieron a las urnas.

El problema para el presidente también es histórico: ningún candidato que terminó segundo en una primera vuelta presidencial desde 1989 logró posteriormente imponerse en el balotaje, lo cual no constituye una regla electoral, pero sí forma parte de las complejidades que enfrenta el oficialismo. La elección entra, por tanto, en una fase distinta. Para Lula, los análisis apuntan hacia una combinación de recuperación territorial, renovación comunicacional, diálogo con electores no petistas, movilización de abstencionistas y defensa de propuestas concretas sobre trabajo, ingresos, salud y seguridad.

Flávio Bolsonaro deberá enfrentar el desafío de transformar una primera posición en una mayoría absoluta, mantener cohesionada la derecha, atraer votantes de otras candidaturas y convencer a sectores que apoyaron opciones de centro pero todavía no necesariamente se identifican con el bolsonarismo.

La ventaja de Flávio Bolsonaro constituye un hecho, pero la posibilidad de que Lula la revierta pertenece todavía al terreno de la disputa política y dependerá de cómo cada campaña administre los días restantes hasta el 25 de octubre.

arb/mar

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