Por Martha Andrés Román
Corresponsal jefa en Brasil
El canal Ejército de Lula, administrado por el diputado André Janones, del partido Rede, reúne 5,5 millones de seguidores y promueve mensajes, audios, videos e instrucciones para impulsar contenidos en redes sociales favorables al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca la reelección.
A su vez, el bautizado como Tropa de Flávio, impulsado por aliados del senador Flávio Bolsonaro, tenía dos millones de seguidores en el momento de redactar este trabajo, e igualmente se enfocaba en la difusión y movilización de materiales en apoyo al legislador, rival de Lula en la carrera por la Presidencia.
Más que una disputa de cifras, ambos espacios ilustran cómo WhatsApp se ha convertido en una herramienta para organizar simpatizantes, distribuir contenidos y coordinar acciones digitales de cara al balotaje del 25 de octubre.
DE WHATSAPP A GOOGLE, LA BATALLA POR MARCAR LA CONVERSACIÓN
El alcance de ambos canales quedó particularmente expuesto durante el debate televisivo del domingo 18 de octubre, cuando sus administradores orientaron a los seguidores sobre qué contenidos compartir, qué etiquetas publicar y qué términos buscar en Google para influir en las tendencias digitales.
Según informó el diario O Globo, Janones, presente en el estudio de la cadena Band, pidió difundir fragmentos favorables a Lula, elaborar memes contra su adversario y posicionar la etiqueta “Abre el secreto, Flávio”, relacionada con el desafío del mandatario para que ambos candidatos revelaran sus datos bancarios y telefónicos.
El diputado también convocó a realizar búsquedas sobre el senador asociadas a expresiones polémicas. En respuesta, la Tropa de Flávio, creada por los diputados Nikolas Ferreira (Partido Liberal) y el influenciador Pablo Marçal, promovió consultas críticas contra Lula y contenidos favorables al candidato de extrema derecha.
Tal episodio mostró cómo los canales funcionan como centros de distribución de instrucciones que luego se reproducen en otras plataformas.
Resultados medidos tras el debate ilustran la dimensión de esta disputa. De acuerdo con datos de la consultora Bites publicados por Poder360, Lula acumuló 25,5 millones de interacciones en redes sociales durante las 24 horas posteriores al encuentro, frente a cinco millones de Flávio, y el presidente ganó además 176 mil seguidores.
El volumen de interacciones no significa necesariamente que el contenido haya llegado a nuevos electores ni que estos cambiaran sus preferencias; sin embargo, evidencia la capacidad que ha ganado el entorno digital del gobernante para generar respuestas, comentarios y publicaciones alrededor de los temas de campaña.
Otro estudio de Bites, divulgado por O Globo, registró un aumento del 783 por ciento en las interacciones orgánicas de influenciadores de izquierda en las plataformas de Meta entre el 4 y el 11 de octubre, frente al 162 por ciento de los perfiles de derecha.
La consultora vinculó parte de ese crecimiento con comunidades organizadas en servicios de mensajería, entre ellos, WhatsApp y Telegram.
LULA GANA TERRENO EN LAS REDES
La transformación, sin embargo, no se limita a los canales de militancia, ya que el propio Lula intensificó su presencia en redes con videos grabados en formato selfie, mensajes directos y publicaciones más frecuentes.
Según Poder360, entre el 5 y el 9 de octubre el mandatario sumó 29,2 millones de interacciones en 167 publicaciones de Facebook, Instagram, TikTok y X, un promedio por publicación 22 por ciento superior al de los cinco días anteriores a la primera vuelta del 4 de octubre.
La apuesta se hizo aún más visible tras el debate de la Band. UOL informó el 19 de octubre, a partir de un análisis de Ativaweb Datalab, que la campaña de Lula publicó 12 videos durante la madrugada posterior al enfrentamiento, con 65,7 millones de visualizaciones, frente a 22,1 millones de cuatro videos de Flávio.
Esa secuencia incluyó el desafío del presidente para que ambos candidatos abrieran sus datos bancarios y telefónicos, que alcanzó 10,2 millones de visualizaciones.
La estrategia refleja hasta qué punto la comunicación política contemporánea depende de la presencia cotidiana en las plataformas.
A un candidato puede no resultarle suficiente hoy participar en debates o actos, también necesita producir contenidos diseñados para circular rápidamente, generar reacciones y prolongar cada intervención ante públicos que no necesariamente siguieron la transmisión original.
Esa ofensiva digital coincide con una movilización en las calles y eventos presenciales en apoyo a los dos aspirantes en distintas ciudades brasileñas.
Las concentraciones producen imágenes que vuelven a circular por los canales y perfiles de los internautas, mientras las convocatorias difundidas en línea facilitan la coordinación de la militancia.
Poder360 informó que entre el 9 de el 13 de octubre se habían registrado actos favorables a Lula en al menos 37 ciudades, lo cual refleja que la campaña no se limita a disputar publicaciones en redes, sino que también intenta sostener la participación de sus bases en la recta final.
La concentración en las calles cobró fuerza el domingo 18, cuando, según una estimación de la coordinación de campaña del Partido de los Trabajadores citada por la Agencia Brasil, se celebraron actos en unas 500 localidades del país.
No obstante, las cifras disponibles no permiten atribuir directamente la asistencia a cada manifestación a los canales de WhatsApp ni medir su incidencia específica sobre el voto.
Especialistas citados por R7 señalan que estos espacios permiten movilizar a quienes ya apoyan una candidatura, pero advierten que su capacidad para convencer a los indecisos resulta más difícil de medir.
Aun así, en la recta final de la campaña, ambos canales muestran que WhatsApp, y las redes sociales en general, se han convertido en una herramienta estratégica de la contienda brasileña.
Las cifras de seguidores y de interacciones de momento favorecen al entorno digital de Lula, cuya capacidad de convocatoria destaca en esta etapa.
A pesar de eso, para el mandatario, que quedó detrás de su rival por 2,2 millones de votos en la primera vuelta, el reto sigue siendo transformar esa presencia en línea en participación electoral efectiva en el momento de ejercer el sufragio en las urnas.
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