Por Deisy Francis Mexidor
Corresponsal jefa en Estados Unidos
Según sugirió el mandatario, su administración se está preparando para adoptar nuevas medidas en su cruzada contra el comercio ilegal de drogas en la nación suramericana y así le dijo durante una llamada por el Día de Acción de Gracias, el 27 de noviembre, a los miembros del servicio militar activo.
“En las últimas semanas, han estado trabajando para disuadir a los narcotraficantes venezolanos, de los cuales hay muchos. Por supuesto, ya no hay muchos que entren por mar”, indicó Trump, con afirmaciones que observadores ponen en duda, ya que en realidad poco se sabe sobre los 21 ataques a embarcaciones en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, que dejan 83 muertos.
“Probablemente hayan notado que la gente ya no quiere entregar por mar, y también comenzaremos a detenerlos por tierra”, continuó el presidente. “La tierra es más fácil, pero eso va a comenzar muy pronto”, subrayó.
“Les advertimos: dejen de enviar veneno a nuestro país”, agregó Trump en comentarios que suponen la toma de una decisión sobre sus planes contra Venezuela.
Sanho Tree, investigador del Instituto de Estudios Políticos (IPS, sigla en inglés), con sede en esta capital, expresó a Prensa Latina en una reciente entrevista que Washington culpa a Caracas del tráfico de narcóticos hacia el norteño país.
Sin embargo -enfatizó- la mayor parte de la cocaína que pasa por Venezuela tiene como destino Europa y África, y alrededor de las tres cuartas partes de la cocaína con destino a Estados Unidos proviene de la costa del Pacífico, no del Caribe.
El pasado 24 de noviembre entró en vigor la designación de la Casa Blanca al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su equipo de gobierno como miembros de una organización terrorista extranjera, pese a que no pocos expertos señalan que el denominado Cártel de los Soles es más una descripción que un grupo de crimen organizado.
El investigador Sanho Tree fue enfático en ese sentido: “No existe tal cosa como el ‘Cártel de los Soles’. No es una organización real. Es una expresión coloquial que data de los años ‘90”, la cual está referida más bien a redes de corrupción que permiten actividades ilícitas.
No sería raro -comentó- que militares y policías en la región acepten sobornos de narcotraficantes, al igual que los políticos, policías y jueces estadounidenses los aceptaban de contrabandistas de alcohol durante la Ley Seca (vigente en Estados Unidos entre el 19 de enero de 1920 y el 6 de diciembre de 1933).
Pero eso del Cártel de los Soles es la actual asidera de Trump para imponer nuevas sanciones dirigidas a los activos e infraestructura del mandatario venezolano, aunque ello no autoriza explícitamente el uso de fuerza letal.
En áreas del Caribe, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos reunieron en los últimos meses más de una docena de buques de guerra, el portaaviones más grande del mundo y unos 15 mil soldados como parte de lo que el Pentágono llamó “Operación Lanza del Sur”.
Marines que tripulan estos buques han llevado a cabo simulacros de operaciones de desembarco en las playas de Puerto Rico, según fotos y videos publicados por el Departamento de Defensa, reseñó el diario The New York Times.
Para los observadores, este es el mayor despliegue estadounidense en la región en décadas, y constituye una amenaza directa contra Venezuela, el actual blanco de la agresiva política exterior del excandidato al Premio Nobel de la Paz en 2025.
ALGUNOS ASPECTOS CRONOLÓGICOS
Trump tenía puestos sus ojos sobre Venezuela desde antes de asumir el cargo en enero de este año. Calificó a su par Nicolás Maduro de “dictador” durante su campaña electoral y la animosidad se elevó cuando incluso -como al estilo del Viejo Oeste- puso precio por la cabeza de un dignatario democráticamente electo.
También declaró falsamente en una entrevista en 2024, sin presentar pruebas, que los migrantes de Venezuela “son narcotraficantes, criminales, asesinos y violadores. Todo lo han trasladado a Estados Unidos”.
Al ganar las elecciones de noviembre el pasado año, el republicano se pronunció por apostar a “un nuevo comienzo” en las relaciones entre los dos países, para dejar atrás la tirantez. Nada de ello ocurrió.
Apenas tomó posesión del Despacho Oval el 20 de enero firmó una orden que designó al Tren de Aragua, pandilla que nació en una prisión de Venezuela, como grupo terrorista, junto a otras bandas transnacionales y carteles de la región.
Luego, a mediados de marzo, el gobernante invocó una ley de 1789 (la de Enemigos Extranjeros) para las deportaciones exprés de migrantes que, según su administración, pertenecían al Tren de Aragua.
Bajo ese pretexto expulsó del territorio estadounidense, el 17 de marzo, a más de 200 venezolanos que fueron enviados a una cárcel de máxima seguridad, criticada por abusos a los derechos humanos, en El Salvador.
Mientras que, a inicios de este año, el Gobierno de Trump revocó la extensión del Estatus de Protección Temporal (TPS) para miles de venezolanos que buscaron refugio en Estados Unidos.
Igualmente continuaron las vueltas de tuerca hacia Venezuela en materia de sanciones. En marzo Trump anunció aranceles del 25 por ciento a cualquier país que comprara petróleo a Caracas.
Además, la Casa Blanca puso fin al permiso a la petrolera Chevron para operar en Venezuela y le dio 30 días para cesar sus actividades, aunque semanas después se anunció una extensión de la autorización.
Ya en julio, el Departamento del Tesoro designó como una organización terrorista al denominado Cártel de los Soles.
Hace apenas un mes, Trump autorizó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a operar dentro del territorio de Venezuela con el argumento de frenar los flujos de inmigrantes indocumentados y el supuesto tráfico de drogas que sale de ese país.
El 27 de noviembre, el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, durante su encuentro con el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció que el Pentágono podrá utilizar aéreas limitadas de la nación caribeña para operar militarmente y de forma temporal allí, en el contexto del actual despliegue en el área.
POCO QUE VER CON POLÍTICA ANTIDROGA
Observadores opinan que la Proclama de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en 2014 en La Habana, Cuba, como Zona de Paz libre de violencia, no debe ser ignorada. En tanto, Venezuela reiteró que defenderá su soberanía, pero que no quiere la guerra.
El presidente Nicolás Maduro dijo a la cadena CNN que estadounidenses y venezolanos deben “unirse por la paz del continente” e hizo un pedido de paz a Trump. “No a más guerras eternas, no a más guerras injustas, no más Libia, no más Afganistán, que viva la paz”, señaló durante una marcha de apoyo a su gobierno en Caracas.
Para el investigador del IPS, la concentración de esas fuerzas militares de Estados Unidos en el Caribe “poco tiene que ver con la política antidrogas”.
El estudioso, quien dirige en el IPS su Proyecto de Política de Drogas desde 1998, respondió inquietudes de Prensa Latina sobre temas del momento, en especial el actual escenario de creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela.
A la pregunta sobre esas muertes en aguas internacionales de “narcoterroristas”, de acuerdo con la descripción de Estados Unidos, Sanho subrayó que el “narcoterrorismo” no existe. Es una aterradora construcción política diseñada -dijo- para deshumanizar a las personas que Trump quiere exterminar.
Al Capone y sus socios mafiosos recurrieron a la violencia extrema para proteger su mercado durante la Ley Seca, pero no los llamamos “alcoterroristas” porque eso no nos ayuda a comprender la naturaleza del problema ni a encontrar una solución, señaló.
Esta política busca -sentenció- normalizar la capacidad de Trump para llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales arbitrariamente.
Si Trump y Stephen Miller (subdirector del Gabinete de Políticas de la Casa Blanca) logran normalizar estos asesinatos en aguas internacionales, creo que intentarán implementarlos también a nivel nacional, afirmó.
Indicó que la fiscal general Pam Bondi, “ya ha declarado que pretenden hacer con Antifa -movimiento político antifascista y antirracista de izquierda en Estados Unidos- lo mismo que hicieron con los cárteles”. Y “un intento por apoderarse del petróleo venezolano podría salir terriblemente mal” a Trump, vaticinó Sanho al destacar que sería una estupidez atacar a Venezuela por petróleo, “pero a Trump se le meten ideas descabelladas en la cabeza y no las suelta”, añadió.
Recordó que Trump reveló su obsesión con el petróleo venezolano en 2017 y a menudo ha hablado de cómo Estados Unidos debió adueñarse de esa riqueza en Iraq.
El investigador se preguntó ¿por qué Estados Unidos haría algo tan insensato?, es que “ya no existe un proceso interinstitucional mediante el cual los diferentes departamentos y las partes interesadas puedan aportar información y emitir advertencias. Ahora, cada decisión gira en torno al ‘Rey Loco’ y sus deseos. A diferencia de su primer mandato, Trump no encuentra oposición en su propia administración”, opinó.
Respecto a la amenaza a Venezuela, sus consecuencias para América Latina y la Doctrina Monroe, el también editor de la revista de periodismo de investigación CovertAction Quarterly puntualizó: “Yo creo en la defensa de la soberanía de las naciones más pequeñas, sin importar dónde se encuentren”.
El antiimperialismo no se trata solo de oponerse a la Doctrina Monroe en el hemisferio occidental, sino de oponerse al imperialismo en todo el mundo, concluyó.
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